28 de Marzo, 2017

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Tercera Edad



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Cuidemos a nuestros ancianos en el invierno


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El invierno apenas está comenzando y todo indica que será uno de los más fríos de los últimos tiempos, debemos cuidarnos de las afecciones que esto trae por ser una época de riesgo en especial para los más pequeños y los ancianitos de la casa.


Es importante prevenir la gripe cuidando primero nuestros hábitos de higiene, no estar en locales cerrados y con poca ventilación. Tratemos en lo posible que tener siempre aire puro para respirar y enriquecer la dieta con vitamina C. Esta época es perfecta para incrementar el consumo de cítricos como la naranja y el limón.


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Obviamente primero debemos llevar a la persona de la tercera edad al especialista que le provea de las vacunas correspondientes de sufrir una gripe o catarro. Estas molestias pueden desencadenar en algo peor como una neumonía o bronquitis si no son tratadas a tiempo o están mal curadas.


Combatamos el frío abrigando bien a nuestros ancianitos, dándoles a inhalar los vapores del eucalipto algunas veces, bastantes líquidos, evitando las bebidas alcohólicas y el tabaco, enseñándoles a toser correctamente, ventilando los espacios que ocupan, ejercitando el diafragma por medio de la respiración.


Pese al frío, no deben renunciar a las actividades físicas. Por el contrario, ahora su cuerpo necesita las caminatas que le den calor, obviamente en periodos más cortos y muy bien abrigados. Además hay muchas cosas por hacer en la casa que le mantendrán activo y caliente.


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Las bajas temperaturas estarán al orden del día, así que es nuestro deber proteger a nuestros ancianos de todas las dolencias y afecciones que pueden traer las enfermedades de la temporada. No permitamos que sus cuerpos se enfríen o expongan más de lo necesario, un buen abrigo y un mate caliente pueden reconfortar su salud y nuestra compañía puede reconfortar su espíritu.



Publicado por Angela Cornejo en Tercera Edad

22 de Enero, 2011 (04:00H)


El ejercicio reduce el insomnio en la tercera edad


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El insomnio es mal que aqueja a muchas personas cuando bordean la tercera edad, esta dificultad para dormir no permite al cuerpo recuperar las energías desgastadas durante el día ni prepararse para el día venidero. Pese a todas las molestias que ocasiona el insomnio no se considera una enfermedad sino más bien un síntoma de otro tipo de desorden relacionado con el sueño.


Entre las principales causas se tienen los padecimientos físicos, la ingesta de bebidas alcohólicas, la ansiedad y el estrés. Aunque a veces la causa es la más obvia: la falta de agotamiento.


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Siempre se ha dicho que el ejercicio contribuye de manera positiva el desarrollo normal de las personas y tiene innumerables beneficios. Pero recientemente se ha descubierto que la práctica de ejercicios físicos reduce el insomnio en la tercera edad, porque es una forma natural de cansar al cuerpo y prepararlo para el sueño.


Claro que para tener mejores resultados es necesario que sea realizado a una hora adecuada, porque por ejemplo practicar algún tipo de actividad física antes de dormir puede estimular el corazón y el cerebro perjudicando la conciliación del sueño.


Entonces ya lo sabe. Es importante ponerse a practicar algún deporte o simples caminatas. Nos preocupamos por su salud y desde aquí le sugerimos que cuide su vida porque usted es un ser maravilloso ante los ojos del ser que nos creó.



Publicado por Angela Cornejo en Tercera Edad

9 de Agosto, 2010 (01:00H)


Altas dosis de vitamina D aumenta el riesgo de caídas


Altas dosis de vitamina D aumenta el riesgo de caídas




Un estudio publicado en 'The Journal of the American Medical Association' (JAMA) demuestra, por primera vez, que altas dosis de vitamina D eleva el riesgo de caídas en mujeres mayores de 70 años.


Estas mujeres, que reciben una única y alta dosis anual de vitamina D presentan mayor tasa de caídas y fracturas, en comparación con las participantes sometidas al tratamiento placebo.


Luego de analizar los resultados de 2.256 mujeres, que fueron dividida en dos grupos, uno a quienes se les administró colecalciferol (o vitamina D) y otro en los que recibían un placebo, se halló que: "El 74% de las que ingerían vitamina D y el 68% del grupo control tuvieron, al menos, una caída".


“Aquellas mujeres del grupo de vitamina D experimentaron un 15% más de caídas. Este porcentaje ascendía al 31% durante los tres primeros meses de seguimiento”.


En cuanto a las fracturas, 171 participantes que recibían vitamina D y 135 del grupo placebo se vieron afectadas por un problema de este tipo. Las primeras sufrían "un 26% más de fracturas", explican los expertos.


"Éste es el primer estudio que demuestra un incremento de caídas asociado con la vitamina D oral y es el segundo trabajo que confirma que el riesgo de fracturas aumenta con altas dosis de este suplemento en mujeres mayores", señala Kerrie Sanders, de la Universidad de Melbourne (Australia) y una de las principales autoras del estudio.



Publicado por Irma Ocampo en Tercera Edad

15 de Mayo, 2010 (18:00H)


Ejercicio continúo y moderado para proteger y mejorar el cerebro envejecido


Ejercicio continúo y moderado para proteger y mejorar el cerebro envejecido



Según la publicación de dos nuevos estudios en Archives of Neurology, el ejercicio aeróbico habitual no sólo protege de los problemas de memoria típicos de la edad, sino que también puede retrasar el reloj del envejecimiento cerebral.


Uno de los estudios halló evidencias de que el ejercicio moderado, como una caminata intensa, la natación o el yoga en la mitad de la vida o después, reduciría el riesgo de desarrollar trastornos cognitivos leves.


De otro lado, la otra investigación, realizada con un grupo de adultos mayores con problemas cognitivos leves (problemas de memoria, como olvidarse los nombres de personas o equivocar el lugar en que se guardan ciertas cosas), detectó una mejoría en la agilidad mental tras seis meses de actividad aeróbica de alta intensidad.


Un equipo en Seattle estudió a 33 adultos con deterioro cognitivo leve, con el objetivo de conocer más sobre el tema.


Veintitrés participantes ejercitaron entre 45 y 60 minutos en una cinta o en una bicicleta fija, cuatro días por semana, durante seis meses; los 10 restantes (grupo de control) hicieron ejercicios de estiramiento, pero mantuvieron un ritmo cardíaco bajo.


Tras seis meses de actividad aeróbica intensa "mejoraron las capacidades cognitivas de atención, concentración, organización, planificación y tareas múltiples", explico la doctora Laura Baker, de la Escuela de Medicina de la University of Washington y del Centro Médico de Asuntos Veteranos.


“Los test cognitivos en el grupo que no había ejercitado revelaron un deterioro continuo”, añadió.


El otro estudio, liderado por Yonas E. Geda, de la Clínica Mayo en Rochester, Minnesota, incluyó a 1.324 adultos mayores sin demencia en el período 2006-2008. De ellos, 198 tenían deterioro cognitivo leve y 1.126, función cognitiva normal.


Los participantes que dijeron que habían hecho ejercicio moderado, como caminata intensa, aeróbicos, yoga, ejercicios de fuerza o natación, desde los 40 años en adelante eran menos propensos a sufrir deterioro cognitivo leve.


El ejercicio moderado en la mitad de la vida estuvo asociado con un 39 por ciento menos de posibilidades de desarrollar deterioro cognitivo leve y con un 32 por ciento menos riesgo de sufrir deterioro mental para ambos sexos.



Publicado por Irma Ocampo en Tercera Edad

24 de Enero, 2010 (12:00H)


Pasear con tu mascota tiene sus beneficios


Pasear con tu mascota tiene sus beneficios



Según el estudio “Mayores paseen un perro, pierdan peso y manténganse en forma”, desarrollado por el Centro de Investigación de la relación Animales y Humanos (ReCHAI) de la Universidad de Missouri (EE.UU.), el perro es el compañero de ejercicio ideal para el hombre.

El estudio, financiada por Waltham®, autoridad mundial (de Mars, Incorporated) líder en bienestar y nutrición de los animales de compañía y la Asociación de Veterinarios Americanos para la colaboración, investigación y compenetración Humana-Animal, en colaboración con la Sociedad Protectora de Missouri Central y tres centros residenciales para jubilados, llega a esta conclusión.

La investigación se centró en la influencia del acompañamiento, tanto animal como humano, en la distancia recorrida por los ancianos, así como en la confianza de los jubilados en su capacidad de caminar.

En un periodo de tres meses, los participantes fueron divididos en tres grupos: uno sin acompañamiento, otro con acompañamiento humano, y un tercer grupo con acompañamiento de perros abandonados. El grupo sin acompañamiento continuó con sus ejercicios habituales diarios y los ancianos acompañados con personas pasearon por las inmediaciones de la residencia. El grupo acompañado con perros, sin embargo, paseó con un animal de la Sociedad Protectora de Missouri Central durante cinco días cada semana.

Para la medición de los resultados, se utilizó una prueba estándar que consistía en caminar durante seis minutos durante los que se controlaba la distancia recorrida y la confianza de su capacidad de caminar. En este sentido, los que caminaron con perros mejoraron su distancia en un porcentaje del 28% durante esos seis minutos. El grupo sin acompañamiento mejoró su distancia un 6% mientras que el grupo con acompañamiento humano sólo lo hizo en un 4%. Los que caminaron con perros también manifestaron una mayor confianza en su capacidad para caminar, al mismo tiempo que mejoraron su equilibrio al compararlos con los otros dos grupos.

Estas mejoras no finalizaron con las personas puesto que los perros también fueron controlados durante el estudio. Al concluir, se demostró que los animales que intervinieron mostraron un comportamiento significativamente mejor que los otros perros, por lo que muchos de ellos fueron adoptados.




Publicado por Irma Ocampo en Tercera Edad

3 de Junio, 2009 (16:00H)


Los ingredientes de una vida feliz


Los ingredientes de la felicidad


Según trabajos científicos, los cuales se enfocan en el aspecto sociológico, biológico y psicosocial, estar casado, tener entre 60 y 70 años, con una genética favorable, buen estado de salud y estudios superiores, parecen ser los ingredientes para ser feliz. La felicidad es una cosa que afecta a las personas positivas, decirse cosas bonitas, pensar en positivo, frases de felicidad, conocerse mejor, y no bajar la cabeza en momentos problemáticos. Todo ayuda a mantener una vida más feliz y tranquila.

El último número de la revista ‘Mayo Clinic Women’s Source Healthsource’ que edita la Clínica Mayo de los Estados Unidos, repasa algunos de los últimos datos que se han publicado sobre los factores que contribuyen a la felicidad. Entre otras cosas, el artículo reconoce que la edad sí importa.

Según algunas investigaciones realizadas por un grupo de economistas en EEUU y Reino Unido, con más de dos millones de personas procedentes de 80 países, los 'cuarentones' sufren una especie de angustia mental que reduce al máximo sus niveles de felicidad en esa época de la vida. Concretamente, la crisis de la madurez parece llegar hacia los 40 años para los varones y a los 50 para las mujeres.

Los mismos investigadores explican que después de este proceso se aprecia un ascenso progresivo que sitúa a las personas de 60-70 años en la edad de oro de la felicidad. Aunque no están muy claras las causas, los expertos apuntan a que llegado ese momento de la vida se acepta con más realismo la vida, se reconocen las debilidades, se alcanza mayor madurez e, incluso, a medida que se va perdiendo a los seres queridos se aprende a valorar mejor ciertas cosas.

Además, según recientes investigaciones, las personas sin ninguna enfermedad de importancia son hasta un 70% más felices; a lo que habría que sumar el peso de nuestros genes. "Numerosas investigaciones han demostrado que la genética explicaría hasta el 50% de nuestras diferencias en el estado de bienestar y los rasgos positivos de personalidad", dice el boletín de la Clínica Mayo.

Sin embargo, esto no significa que el nivel de felicidad se mantenga estable a lo largo de toda la vida; aunque esta base sí puede influir en la reacción que cada persona muestra ante los acontecimientos y cambios que se vayan sucediendo en su vida. La felicidad, por ejemplo, reduce los niveles de la hormona del estrés (el cortisol), de marcadores inflamatorios como la proteína C reactiva y la interleuquina 6 que aumentan el cansancio físico y mental y también reduce la tensión arterial, un precursor de la enfermedad cardiovascular.



Publicado por Irma Ocampo en Tercera Edad

21 de Enero, 2009 (14:00H)


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