“Las estatinas (un grupo de fármacos usados para disminuir el colesterol en sus distintas formas), consumidas por millones de personas para reducir el riesgo de infarto y accidente cerebrovascular (ACV), no afectan a la lipoproteÃna (a) pero los resultados alentarÃan a desarrollar nuevos fármacos para reducir el colesterol”, dijo Borge Nordestgaard, del Hospital de la Universidad de Copenhague, quien dirigió el estudio.
Para averiguar el protagonismo de la lipoproteÃna (a) en los ataques cardÃacos, el equipo de cientÃficos analizó los genes de 45.000 hombres y mujeres que brindaron muestras de sangre para un amplio sondeo nacional que comenzó en 1976, evaluó los niveles de lipoproteÃna (a) y luego siguió a los sujetos hasta el 2007.
"La lipoproteÃna (a) ha estado rondando por un largo tiempo como factor de riesgo, pero las personas no la habÃan tomado demasiado seriamente porque no creÃan que causaba ataques cardÃacos", dijo Nordestgaard.
"Ahora demostramos que, como el LDL, está causando infartos. Un problema es que las personas tienen escaso control sobre el colesterol, cuyos niveles pueden variar hasta 1.000 veces entre los individuos”, añadió el investigador.
Para finalizar, Nordestgaard manifestó la esperanza de que su estudio anime a los laboratorios a desarrollar un nuevo fármaco destinado especÃficamente a la lipoproteÃna (a).
Los pacientes recibieron entre ocho y 10 inyecciones en diferentes segmentos del miocardio, el músculo del corazón, y se sometieron a una evaluación de su función cardiaca al cabo de tres y seis meses.
Unos 2.331 pacientes con insuficiencia cardiaca moderada o grave, procedentes de Estados Unidos, Canadá y Francia, participaron en el estudio entre 2003 y 2008. La edad media era de 59 años. Los pacientes, divididos en dos grupos, recibieron una terapia estandarizada (primer grupo) y el otro demás, se sometió a un programa de ejercicio supervisado.
"El estudio demuestra que un poco de ejercicio es bueno para estos pacientes, pero hacer un poco más es aún mejor", manifiesta Steven J. Keteyian, autor principal de uno de los dos artÃculos publicados.
"Dependiendo del grado de afectación, las limitaciones funcionales pueden ser desde grandes esfuerzos fÃsicos más allá de la vida cotidiana hasta la sensación de cansancio incluso en estado de reposo", expresó por su parte, Marcos RodrÃguez Esteban, cardiólogo del Hospital Universitario Nuestra Señora de la Candelaria, en Santa Cruz de Tenerife.
Al año, el 53% de los pacientes del grupo del programa de ejercicio experimentaron mejoras clÃnicamente apreciables desde el comienzo del ensayo, comparado con el 33% del otro grupo.
"Observamos que la mayorÃa de los miembros del grupo sometidos al programa de ejercicio supervisado experimentaron una mejora significativa en su calidad de vida, en muchos de los aspectos de sus actividades diarias, como vestirse, moverse, bañarse, salir de casa para ver a sus familiares y amigos...", comenta Ileana Piña, una de las autoras de este estudio.
Con estos alentadores resultados que supone la práctica de ejercicio y la mejora de la calidad de vida, los cientÃficos de ambos estudios, realizados en el Instituto de Investigación ClÃnica Duke, en Dirham, Carolina del Norte, apuestan por introducir en el tratamiento de estos pacientes un programa de ejercicio aeróbico supervisado.
Un estudio realizado por cientÃficos estadounidenses advierten que: La ira y otras emociones fuertes pueden disparar arritmias cardiacas potencialmente letales en ciertas personas vulnerables.
Además, según lo demuestran algunos estudios previos, lo terremotos, las guerras o hasta perder un partido en un mundial de fútbol pueden aumentar las tasas de muertes por paro cardiaco, en el cual el corazón detiene la circulación de la sangre.
Un estudio realizado en Estados Unidos con más de 100.000 mujeres, señalan que las que dan el pecho a lo largo de su vida durante más de 23 meses tienen un 23% menos de riesgo de padecer una enfermedad coronaria.
De las casi 90.000 mujeres que tomaron parte en el análisis final, el 63% habÃa amamantado alguna vez y el 1% lo habÃa hecho durante más de 48 meses. Haber dado el pecho durante dos años o más equivalÃa a un riesgo cardiovascular un 23% más bajo, comparado con las mujeres que no habÃan practicado la lactancia natural.
Además, numerosos estudios avalan que durante el periodo de lactancia el metabolismo de los lÃpidos y la glucosa mejoran. Algunos de esos trabajos sugieren que estos cambios se mantienen con el paso del tiempo, cosa que apoya el hecho de que dar de mamar a los hijos se haya relacionado con un menor riesgo de diabetes (alrededor de un 15% por cada año de lactancia) y con un incremento de HDL (colesterol bueno).
La mayor parte de estos factores influye en el riesgo cardiaco de modo que cabrÃa esperar una atenuación de las posibilidades de sufrir una enfermedad cardiovascular asociada a la lactancia natural.
Una reciente investigación, cuyas conclusiones se publican en el último número de la revista ‘Natura Genetics’,ha identificado tres nuevas regiones en el genoma relacionadas con el infarto del miocardio y además, ha confirmado otras seis zonas ya asociadas anteriormente con el problema.
Mediante distintos análisis y distintas fases del ADN de más de 26.000 individuos de 10 paÃses diferentes, los investigadores fueron capaces de localizar en esas nueve regiones del genoma pequeñas variaciones, conocidas como polimorfismos de un solo nucleótido (SNP), que se relacionaban con un desarrollo temprano de un ataque al corazón.
Los individuos analizados que presentaba un mayor número de las variantes identificadas tenÃan el doble de riesgo de padecer un infarto prematuro. Según señala Elosua, hasta el momento sólo se ha podido conocer el mecanismo que relaciona genes y patologÃa en tres de las nueve zonas localizadas. "Sabemos que los genes LDLR y PCSK9, donde se localizan dos de las regiones identificadas, se relacionan con los niveles de colesterol y que CXCL12 está implicado en procesos de inflamación que se han asociado a la enfermedad coronaria, pero del resto no conocemos la asociación", indica.
Un grupo de investigadores británicos, han descubierto, tras un seguimiento de cinco años a 10.000 adultos, que las mujeres que duermes seis horas o, en el peor de los casos, menos tiempo son más propensas a tener la tensión elevada que las que descansan más tiempo.
Realizando una comparación con aquellas que tenÃan por hábito pasar siete horas entre las sábanas, las que dormÃan sólo seis tenÃan un 42% más de posibilidades de ser hipertensas en un futuro. Con una hora menos de sueño, el riesgo era del 31%.
Los hallazgos sugieren que existe una relación especÃfica del sexo femenino entre la privación de sueño y la hipertensión, según los investigadores, liderados por Francesco P. Capuccio, de la Facultad de Medicina Warwick en Coventry, Reino Unido.
Para este trabajo, Capuccio y sus colegas emplearon información de otro ensayo con 10.300 participantes de 35 a 55 años. El estudio se centra en aquellos individuos que tenÃan la tensión arterial normal entre 1997 y 1999 y que fueron citados para una segunda fase del ensayo en 2003-2005.
Durante ambos estadios, el 76% y el 68&, respectivamente, del grupo original fueron incluidos en los análisis. En la segunda valoración, el 20% de los participantes fueron diagnosticados de este problema y se comprobó que entre las mujeres, las que menos dormÃan tenÃan más riesgo. Los factores de riesgo cardiaco, como fumar, tener sobrepeso o llevar una vida sedentaria, contribuyeron parcialmente en esta relación. No obstante, se detectó un vÃnculo independiente entre ambos fenómenos.
Una de las posibles explicaciones, según hipótesis de los expertos, es que la privación de sueño contribuye a elevar la tensión al mantener el sistema nervioso en estado de hiperactividad, lo que afecta a todo el organismo.