
Investigadores canadienses, australianos y brasileños, revisaron los hallazgos de catorce estudios que examinaron 1,674 inyecciones administradas a bebés de un año o menos.
En trece de los estudios, los científicos hallaron que los bebés que recibieron un poco de solución azucarada, frente a los que no recibieron nada, lloraban menos después de la vacuna. Los bebés que recibían treinta por ciento de glucosa tenían cerca de menos de la mitad de probabilidades de llorar.
"Los profesionales de la salud responsables por administrar vacunas deberían pensar en usar la sacarosa o la glucosa durante los procedimientos dolorosos", dijeron Denise Harrison, autora del estudio, y sus colegas del Hospital para Niños Enfermos de Toronto.
"Esta información es importante para los profesionales de la atención de la salud que trabajan con bebés en ambientes ambulatorios y hospitalarios, pues las soluciones dulces son fáciles de obtener, resultan analgésicas en corto tiempo, no cuestan mucho y son fáciles de administrar".
A este entender, el informe recomienda que médicos y enfermeras piensen en darle una solución dulce antes de las vacunas a los bebés de entre un mes y un año de edad.
Las investigaciones anteriores han mostrado que una pequeña cantidad de sacarosa o glucosa, unas gotas o hasta media cucharadita en una solución pueden reducir el dolor.