Un resiente estudio publicado en la revista ´Neurology’, demuestra que el consumo del pescado puede prevenir anomalÃas cerebrales que pueden pasar desapercibidas. El infarto cerebral 'silencioso' es rápido, impetuoso y especialista en obstruir las arterias, provocando la falta de oxÃgeno. Su presencia puede pasar desapercibida en algunos exámenes médicos. Los adultos de mayor edad son el colectivo más propenso a sufrir este tipo de ataques, asociados a problemas de demencia. A este entender, el consumo de pescado, especialmente el de atún, puede ser un remedio efectivo.
Para llegar a esta conclusión, los autores del estudio han evaluado a 3.360 pacientes menores de 65 años que se habÃan sometido a una resonancia magnética entre 1992 y 1994. Un 20% de los mismos fue descartado por haber desarrollado un caso vascular encefálico. Los datos derivados de la prueba fueron contrastados con nuevas revisiones realizadas cinco años después, a las que accedieron un total de 2.313 personas. La información nutricional de los evaluados se consiguió sometiéndolos a varios cuestionarios alimenticios.
Observando las dietas de los pacientes, los cientÃficos fineses han advertido que aquellos que consumÃan pescado al menos tres veces por semana tenÃan menos daños cerebrales asociados con cuadros de ictus o hemorragias encefálicas, en comparación con los que sólo lo ingerÃan una vez al mes.
No gozan de los mismos beneficios los preparados de pescado y fritos que se incluyen entre los productos de comida rápida, como las barritas o las hamburguesas. Éstos agregan a sus componentes básicos grasas saturadas o ácidos grasos trans, que no sólo aumentan los niveles de lipoproteÃnas de baja densidad en la sangre, sino que también disminuyen lo que comúnmente conocemos como " colesterol bueno", provocando un mayor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.
Por el contrario, el atún, el salmón, las sardinas, la caballa y, en general, tanto pescados blancos como azules, contienen ácidos eicosapentaenoicos (EPA), componentes que el organismo necesita para sus múltiples estructuras celulares.
Los ácidos grasos Omega 3, especialmente los EPA, son responsables de que la fluidez de la sangre sea mayor y de que su viscosidad no sea alta, ya que un empeoramiento en la circulación sanguÃnea podrÃa aumentar las posibilidades de padecer una trombosis.
Los ácidos grasos Omega 3 y el aceite de pescado se encuentran en la alimentación de los paÃses mediterráneos, de Japón y de Groenlandia, donde hay una menor incidencia de infartos y derrames cerebrales que en regiones como Estados Unidos o Europa Central.